Roberto relata que durante el asalto, uno de los delincuentes le propinó un fuerte golpe en la cara, un golpe que esquivó parcialmente pero que le causó un impacto considerable.
A pesar de la violencia sufrida, Roberto se muestra aliviado de que el incidente no haya sido peor, considerando la posibilidad de que uno de los asaltantes pudiera haber estado armado y haber utilizado el arma.
Revela tener 64 años de edad y se dedica a la reparación de camiones, un oficio que ejerce con esfuerzo para subsistir en la difícil situación económica del país.