El técnico de Inglaterra, de origen alemán, minimiza la carga histórica y simbólica del partido contra Argentina, afirmando que no les ayuda centrarse en el pasado. Si bien reconoce la importancia cultural del encuentro para los argentinos, insiste en que la historia no tiene relación con el partido actual.
Los comentaristas interpretan esta declaración como una estrategia para desviar la atención de la presión que genera el partido. Se compara la situación con la de Maradona en 1986, quien también intentó restarle importancia al peso del contexto histórico.