El Reino Unido ha actualizado su lista de amenazas, incorporando nuevos riesgos como la interferencia electoral y los ciberataques contra infraestructuras críticas.
Estas medidas reflejan la creciente preocupación por la seguridad nacional y la adaptación a nuevas formas de conflicto, como las operaciones de influencia extranjera y el fallo de la resiliencia digital, ante la advertencia de la OTAN sobre posibles ataques rusos a Europa.