El piloto relató su experiencia en Japón, describiendo una cultura muy distinta y un mundo completamente diferente al que está acostumbrado. Destacó la dualidad de la cultura japonesa, con avances tecnológicos convivendo con elementos anticuados, como computadoras de los años 2000 en las escuderías.
Señaló la dificultad de la comunicación, ya que los japoneses hablan muy poco inglés, lo que requiere del uso de un traductor. Además, resaltó el profesionalismo y la seriedad de los japoneses en su forma de trabajar, contrastando con la mayor libertad que percibe en otras culturas.
El piloto mencionó que los japoneses no solo evalúan la velocidad y el potencial de un piloto, sino también su comportamiento general, incluyendo su desenvolvimiento en reuniones y su actitud fuera del auto. Explicó que la academia japonesa se enfoca en estos aspectos integrales del deportista.