Se profundiza en las conexiones entre el narcotráfico en Rosario, la justicia y el poder político, señalando la figura de Lindor Alvarado y su presunto vínculo con el juez Marcelo Bailaque a través de un contador compartido.
Además, se destaca el rol de Leonardo Peiti, "zar del juego clandestino", quien se acogió a la figura del arrepentido y aportó pruebas, aunque se sospecha que podría seguir controlando el negocio ilícito desde su libertad. La investigación sugiere una red compleja que involucra a jueces, narcos y figuras del juego ilegal.