La costura, más allá de ser una habilidad manual, se presenta como una actividad beneficiosa para la salud mental, similar a una meditación profunda. Realizar movimientos repetitivos al coser puede inducir un estado de "flow", donde la concentración se centra en la tarea, el tiempo parece detenerse y las preocupaciones se disipan.
Estudios indican que esta práctica reduce la ansiedad, disminuye los niveles de cortisol y mejora la concentración, la memoria y la coordinación. La relación ojo-mano que se desarrolla al coser contribuye a estos beneficios físicos y mentales.
Se distingue entre la costura como terapia y su práctica profesional. Si bien la costura terapéutica busca el bienestar, el trabajo intensivo de más de ocho horas diarias podría tener efectos diferentes. La clave reside en disfrutar del proceso y encontrar satisfacción en el producto terminado, lo que eleva la autoestima y la confianza.