Un femicida detalló en cartas su macabro plan para asesinar a Meche y Jona, y luego huir de Junín.
Las misivas, que revelan una perturbadora frialdad, describen el método y la ruta de escape planeada, incluyendo el uso de "atajos" y el conocimiento de zonas sin cámaras.
El hombre, que expresa cansancio de "esta vida de mierda" y de "ser bueno", menciona el uso de un hacha comprada para talar árboles, que finalmente sería utilizada como arma homicida.
Las cartas, consideradas "prueba contundente", ofrecen una visión aterradora de la mente criminal y sus intenciones.