Se reflexiona sobre la magnitud del seguimiento del Mundial en Argentina, estimando que casi toda la población, excepto unos pocos millones, lo mira o escucha.
Se ilustra con un ejemplo cotidiano: una persona que necesita pedir un turno médico, pero la cita queda libre porque la mayoría de la gente está pendiente del partido.
Incluso en la escuela, los niños prefieren ver el partido antes que asistir a clases, lo que lleva a que el turno tarde sea prácticamente inexistente.