Estados Unidos, bajo la administración de Donald Trump, busca extender las sanciones financieras aplicadas a Rusia a Irán y Hezbollah. Esta estrategia, denominada "guerra financiera", tiene como objetivo estrangular económicamente a los países considerados adversarios.
Las medidas, que ya han demostrado efectividad contra Rusia mediante la cancelación de cuentas y operaciones, podrían ser replicadas contra Irán y Hezbollah. La iniciativa cuenta con respaldo bipartidista en el Congreso, buscando reforzar la posición de Trump de cara a las elecciones.
La muerte del senador republicano Graham, uno de los principales impulsores de estas medidas, ha potenciado la idea de extender la presión financiera. Washington busca así articular una política de presión unificada contra actores considerados una amenaza para la seguridad de sus aliados.