En La Habana, la escasez de combustible debido al bloqueo de Estados Unidos ha llevado a la proliferación de triciclos motorizados como principal medio de transporte. Estos vehículos, fabricados mayormente en China, son cargados durante las interrupciones del suministro eléctrico.
Talleres especializados, como el de Carlos Álvarez, adaptan estos triciclos eléctricos para el transporte de personas y mercancías, volviéndose omnipresentes en la vida cotidiana de la capital cubana. Su uso se ha vuelto indispensable ante la crisis económica y energética.
A pesar de la escasez generalizada en Cuba, el país cuenta con suficiente sol para la carga de baterías, lo que sugiere una transición energética en marcha. La dependencia de estos vehículos se acentúa ante la falta de combustible y su rol en el movimiento de MIPIMES, alimentos y otros bienes.