La conversación derivó hacia la percepción de los rivales de Argentina en el fútbol, comparando la intensidad de los clásicos. Se mencionó que el conflicto con México, exacerbado por la muerte de Maradona y la postura mexicana en aquel momento, generó un sentimiento anti-mexicano en algunos argentinos, llegando a desear que Inglaterra ganara.
Se señaló que, si bien Argentina jugó seis finales del mundo y ganó tres, México nunca llegó a una. A pesar de esto, la bronca hacia los mexicanos influyó en el deseo de que Inglaterra venciera.
Se concluyó que, más allá de la historia y el sentimiento, el partido contra Inglaterra se vive con la expectativa de ganar y pasar a la final, y que perder contra ellos tendría un peso diferente a perder contra otro equipo.