Se analiza la semifinal entre Argentina e Inglaterra, un enfrentamiento que se repetirá por quinta vez en la historia de los Mundiales. La rivalidad tiene raíces profundas, originadas hace 40 años tras la guerra de Malvinas.
Se comenta la actitud de Lionel Scaloni de intentar bajar los decibeles en la previa, calificando el partido como uno de fútbol y no como un evento cargado de condimentos extra-deportivos. El objetivo sería quitarle presión adicional a los jugadores, quienes ya sienten la carga emocional de la instancia.