Una de las políticas más consistentes de la administración de Donald Trump fue su interés en que Estados Unidos retome la construcción de barcos. A diferencia de otras áreas de su política exterior, Trump reconoció la necesidad de que el país recupere su capacidad en la industria naval.
Impulsado por esta visión, se propuso la creación de un "ejército" de construcción de navíos, incluyendo los "superacorazados" clase Trump. Estos buques, inspirados en la estética del siglo XIX, estarían equipados con tecnología avanzada para patrullar las aguas internacionales.