Se observa un enfrentamiento entre Washington y Teherán de una magnitud no vista, con declaraciones cruzadas de ambos bandos. El CENTCOM confirmó bombardeos contra el sistema de defensa aérea, radares costeros y capacidades de misiles y drones iraníes.
En respuesta, la Guardia Revolucionaria iraní reivindicó ataques contra bases estadounidenses en Barem, Jordania, Kuwait y Omán. Algunos de estos ataques se llevaron a cabo incluso antes de finalizar las exequias de Ali Khamenei, y otros tuvieron como objetivo a civiles.