Se cuestiona la situación de la peluquería de "Chado", donde las famosas lo defienden pero muchas clientas se quejan públicamente de malas experiencias y precios elevados.
Se plantea la distinción entre los clientes atendidos por el propio peluquero y los atendidos por su personal, sugiriendo que la falta de seguimiento del dueño podría estar afectando la calidad del servicio y dejándolo mal parado.
Se menciona la posibilidad de que el peluquero se haya vuelto un "empresario del pelo" y que, al tener una gran cantidad de clientes, contrata personal sin supervisión adecuada, lo que podría ser su responsabilidad.