La FIFA es instada a tomar medidas más estrictas para garantizar la concentración en los partidos del Mundial, especialmente en instancias decisivas como la semifinal entre Argentina e Inglaterra. Se propone prohibir la venta de comida y bebida durante los 90 o 120 minutos del encuentro.
La crítica se enfoca en la actitud de algunos espectadores que se distraen buscando provisiones en momentos clave, algo que choca con la intensidad con la que argentinos e ingleses viven el fútbol. Se busca preservar la solemnidad del evento y asegurar que la atención esté centrada en el juego.