El legado del senador estadounidense Lindsey Graham en la política exterior es innegable, marcado por su rol como "halcón" y su defensa del intervencionismo. Su influencia se extendió a la política doméstica, participando en comités clave y en la formulación de legislación.
La relación de Graham con Donald Trump evolucionó de la reticencia a una fuerte alianza, un cambio que sus críticos atribuyen a una necesidad de acercarse al poder. Su postura a favor de Israel y Ucrania, así como su rol en la política conservadora, definen su trayectoria.