Se critica la actitud de equipos europeos como Noruega y Bélgica, que se quedaron fuera del Mundial por falta de ambición. Se relata cómo, en momentos cruciales, tocaban la pelota hacia atrás o simulaban lesiones en lugar de buscar el empate.
Se contrapone esta pasividad con la garra y la pasión argentina, destacando que los jugadores argentinos jamás se rinden. Se resalta la diferencia cultural en la forma de vivir el fútbol, donde la entrega y la búsqueda constante del resultado son sellos distintivos de la selección nacional.