La camiseta azul utilizada por la Selección Argentina en el Mundial de 1986 tiene una historia particular ligada a la visión de Carlos Salvador Bilardo.
El entrenador consideraba que la tela de la camiseta no permitía una buena transpiración y era muy pesada, llegando a romper algunas prendas que no le convencían.
Esta anécdota resalta la meticulosidad de Bilardo en la preparación del equipo y su atención al detalle en la indumentaria deportiva.