La camiseta de la Selección Argentina utilizada en el Mundial de 1986, que tuvo un origen improvisado y fue estampada a contrarreloj, hoy es considerada una reliquia invaluable. Su historia, marcada por la urgencia y la falta de recursos, contrasta con su actual valor.
Se menciona que esta camiseta fue subastada por 10 millones de dólares, demostrando cómo un objeto con una historia particular puede alcanzar un valor extraordinario. La anécdota de los asados preparados por Don Diego, en lugar de un chef, también subraya el carácter artesanal de aquella época.