Tras la clasificación a la semifinal del Mundial 86, que enfrentó a Argentina contra Bélgica, las calles del interior del país se colapsaron de gente festejando. La euforia se extendió desde la tarde hasta la madrugada, impidiendo el paso de vehículos y obligando a improvisar operativos.
Se revivieron momentos de la final contra Alemania, donde Argentina ganó 2-0, pero el equipo teutón logró empatar con dos goles de córner. A falta de seis minutos para el final, Burruchaga marcó el gol decisivo para el triunfo argentino.