Robertito Funes se despide de los empleados de la pizzería Banchero, quienes le envían saludos a sus familias y a la provincia de Neuquén. Uno de ellos aprovecha para mandar un beso a su abuela Griselda, agradeciendo el cariño recibido.
La conversación se centra en la alegría del triunfo en el Mundial y la conexión con sus raíces. Se destaca el buen ambiente y la camaradería entre los presentes, así como el orgullo por representar a Argentina.