Se genera un debate sobre el peligro que representa el uso de celulares para personas vulnerables, como niños, adolescentes o personas con capacidades disminuidas, considerándolos instrumentos de manipulación.
Se plantea la necesidad de una legislación que regule el acceso a los celulares, comparando su potencial de daño con el del cigarrillo. Se argumenta que dar un celular a una persona manipulable es entregarle una herramienta para que otros hagan lo que quieran con ella.
Se destaca la dificultad para los padres de controlar el uso que sus hijos hacen de los teléfonos móviles, ya que la información y las comunicaciones en línea son de rápido acceso y difícil de supervisar.