Se destaca la importancia de tener un compañero para la vida de oración, ya sea en matrimonio o buscando un cómplice si se está soltero. Ponerse de acuerdo para orar, ayunar y servir juntos potencia la efectividad en el ministerio.
Se reitera que nada significativo ocurre sin depender enteramente del Señor y que el ministerio para Él es anterior al ministerio para el pueblo. La vida íntima con el Señor es la clave para experimentar la mejor temporada de la vida.