Se destaca la peligrosidad de las bandas conformadas por jóvenes de 15 años que operan en el barrio Ejército de los Andes, desprovistos de códigos y con acceso a armas de fuego.
Se menciona que la venta de drogas se ha fragmentado en pequeños grupos, y que una de las bandas principales es liderada por una mujer detenida, pero que sigue operando desde la cárcel. Esto evidencia la complejidad y persistencia del narcotráfico en la zona.
Se alude a la existencia de una estructura de lavado de dinero y a la inversión de las ganancias ilícitas, sugiriendo que el problema va más allá de la violencia callejera y alcanza niveles organizados.