Se argumenta que Argentina es víctima de una campaña mediática de la "izquierda islamista europea" por no tener jugadores negros o musulmanes en su selección. Esta ausencia es interpretada como un símbolo de supremacismo blanco.
Se explica que la demografía argentina hace poco probable la presencia de jugadores de ascendencia africana o de religión islámica, y que esta situación es malinterpretada por ciertos sectores europeos.