Se narra una anécdota sobre la noche de entrega de los Martín Fierro, donde a pesar del intenso frío en la ciudad, la celebrada Evelyn y otras figuras compartieron un momento de euforia al festejar su premio en el camino hacia el estacionamiento.
Se contrasta el glamour aparente de la noche con la cruda realidad del transporte y las condiciones de espera, resaltando la espontaneidad y la alegría de las protagonistas a pesar de las circunstancias.