El testigo clave en el caso de Walter McMillan, Ralph Myers, se retractó de su testimonio original, admitiendo que mintió en el juicio de 1988.
Myers declaró que fue presionado por las autoridades para incriminar a McMillan en el asesinato de Rhonda Morrison. Afirmó que nunca vio a McMillan en la escena del crimen ni tuvo contacto con él ese día.
A pesar de la retractación de Myers, la corte decidió no conceder un nuevo juicio a McMillan, argumentando que no había pruebas suficientes de perjurio en el juicio original y que la presión sobre Myers podría afectar la credibilidad de su retractación. McMillan fue devuelto a prisión para esperar la ejecución.