San Juan Crisóstomo, al referirse a la semilla de la Palabra de Dios, reflexionó sobre la aparente falta de sentido de sembrar en tierra de espinas, roca o camino.
Sin embargo, destacó que en el ámbito de las almas y la siembra de la doctrina, esta acción es digna de alabanza. Sostuvo que en manos de Dios, incluso la roca puede transformarse en tierra fértil, el camino dejar de ser transitado y las espinas dar lugar al crecimiento de las semillas.