La periodista Rosalí, en medio de la cobertura del terremoto en Venezuela, cuestionó las cifras oficiales de fallecidos, contrastándolas con la realidad que observa en los cementerios y la cantidad de gente siendo enterrada.
Señaló la ironía de que, ante una crisis de tal magnitud, se pretenda limitar los datos, lo que dificulta la estimación de la ayuda necesaria. La ONU ha anunciado el envío de 10.000 bolsas mortuarias, lo que evidencia la gravedad de la situación.
Rosalí describió el impacto psicológico de cubrir la tragedia, trabajando sin descanso y viviendo la situación de cerca. Mencionó que ha cubierto conflictos sociales y la crisis del COVID-19, pero la actual situación la ha afectado profundamente, al igual que a sus colegas periodistas, de los cuales 10 fallecieron en el terremoto.
La periodista también destacó la falta de apoyo estatal para la labor periodística en la zona, incluyendo traslado, comunicación, alimentación y resguardo, lo que agrava la carga psicológica y física que enfrentan.