Se reportó una severa ola de calor en Europa, afectando especialmente a Francia, donde se han registrado más de 4000 muertes. La Torre Eiffel y otros monumentos icónicos como el Louvre y el Museo de Orsay han implementado cierres o modificaciones en sus horarios debido a las extremas temperaturas.
Los departamentos franceses están experimentando máximas de 35 grados, y el país no está preparado para soportar tales condiciones climáticas, careciendo de sistemas de refrigeración adecuados. Se mencionaron cifras de fallecimientos en Francia, Bélgica y España, así como incendios en España, como consecuencias directas de la ola de calor.