En Occidente, la diversidad es la regla y una característica fundamental. Sin embargo, no se puede reconocer la diversidad y al mismo tiempo criticarla. El wokismo, a pesar de ser un término polémico, es un ejemplo de cómo se debate la diversidad cultural.
La batalla cultural consiste en mantener el reconocimiento de la diversidad, que es la seña de identidad de Occidente. Aunque a veces surgen situaciones ridículas, es importante defender este principio.
La diversidad se manifiesta en diferentes aspectos de la vida, como la moda y los colores. Sin embargo, la diversidad profunda va más allá de lo superficial. En China, por ejemplo, se observa una aparente adopción de modelos occidentales, pero con una fuerte tendencia a las cirugías plásticas para asemejarse a ellos.
La agenda 2030 y 2045 de Naciones Unidas, si bien puede ser discutida, representa valores centrales humanistas reconocidos en Occidente. Países como Irán, aunque no cumplan la agenda, la firman, lo que indica una tendencia hacia la universalización de estos valores.