La tendencia a la postergar, especialmente en expresar afecto como decir "te quiero", es una trampa de la obviedad que surge de la cobardía o el miedo. Se da por sentado que la otra persona sabe de nuestros sentimientos, pero la falta de expresión puede llevar al arrepentimiento.
Al morir alguien, el dolor se intensifica no solo por la pérdida, sino por aquello que no se dijo o no se hizo. Es fundamental ser consciente de que la vida no es eterna y actuar en consecuencia, aprovechando el tiempo disponible.