Claudia relata cómo su hija se volvió rebelde, insultaba a la familia y se encerraba, generando un gran conflicto familiar. Sintiendo frustración como madre, Claudia decidió utilizar el "agua viva" con fe, orando y ungiendo las comidas y bebidas de su hija.
La madre colocaba el agua viva en las botellas que su hija llevaba, y al compartir las reuniones y consumir el agua, su hija logró liberarse de influencias negativas. Según Claudia, la hija dejó a un "chico" y comenzó a integrarse y compartir momentos familiares, atribuyendo la transformación a la fe y al uso del agua viva.