Se enfatizó que dar las primicias, es decir, lo mejor y lo primero de la cosecha o ganancias, a Dios es un acto de fe que atrae su bendición.
Se explicó que las primicias son una ofrenda de fe realizada al inicio de la temporada, antes de ver los resultados, a diferencia del diezmo y las ofrendas que se dan sobre lo ya recibido. Se mencionó a Caín y Abel como ejemplos, donde Abel honró a Dios con las primicias y fue aceptado, mientras que Caín ofreció lo que le sobró.
Se advirtió que quedarse con las primicias o dar ofrendas de forma incorrecta puede acarrear juicio, como en el caso de los hijos de Elí. Se comparó con la higuera maldecida por Jesús por no tener brevas (primicias).
La prédica concluyó que honrar a Dios con las primicias asegura que el resto del año y la vida queden bendecidos, y que la falta de provisión puede deberse a no tener claras las prioridades y no poner a Dios en primer lugar.