La industria del calzado en Argentina atraviesa una crisis terminal: la producción nacional cayó un 24%, se perdieron 165 unidades productivas en menos de dos años y medio, y la importación de pares de zapatos aumentó un 38% en el último año. La empresa DAS, fabricante de marcas reconocidas, ha dejado de producir para dedicarse a la importación y reventa.
Se cuestiona la política de importaciones del gobierno, que, sumada a la caída del consumo interno, asfixia a la producción nacional. La importación de calzado desarmado, para ensamblar localmente, es vista como un paso más en la desindustrialización.
A pesar de este panorama sombrío, el Ministro de Economía, Toto Caputo, asegura que el consumo está en récord y que los próximos 18 meses serán los mejores de la historia del gobierno. Sin embargo, se advierte que la medición del consumo puede estar distorsionada por el aumento de tarifas y la importación de bienes.
La realidad de los trabajadores es devastadora: mientras el gobierno celebra cifras macroeconómicas, miles de familias pierden su fuente de ingresos y ven caer drásticamente su calidad de vida. La brecha entre el discurso oficial y la realidad en las fábricas y en las calles es cada vez más profunda.