Alejandro describe cómo una mañana notó granos y "sarcushidos" en sus manos, experimentando dolor y vergüenza. La afección se expandió a sus brazos, espalda y piernas, sintiéndose como un "leproso" y evitando el contacto social.
A pesar de que un médico le recetó una crema, el alivio fue temporal y el ardor y la hinchazón empeoraron. Alejandro comenzó a usar el "agua viva", tomándola por la mañana y aplicándola en todo el cuerpo, lo que le generó un cambio notable. Con el paso de los meses, la hinchazón en sus brazos y piernas disminuyó, aliviando su sufrimiento.