La historia de Hilda continúa con su intento de buscar un futuro mejor en Estados Unidos, pero su experiencia migratoria resultó en deportación.
Tras la difícil situación económica en Argentina, Hilda decidió viajar a Estados Unidos con la esperanza de cambiar su vida y poder ayudar a su familia. Sin embargo, al llegar al aeropuerto, le impidieron la entrada al país y fue deportada al día siguiente. Esta experiencia la dejó desanimada y sintiendo que su situación empeoraba.
Para agravar su situación, el padre de sus hijos se negó a devolvérselos, argumentando que ella había tomado la decisión de irse. Durante 33 años, Hilda sintió que vivía en una especie de esclavitud mental, sin ver esperanza de mejora.