Gonzalo Oliver relata cómo a los 14 años comenzó con el cigarrillo y el alcohol para llenar un vacío interior. A los 17, comenzó a trabajar y a solventar sus vicios, frecuentando malas juntas y teniendo peleas, lo que generó problemas familiares y nerviosismo.
La adicción lo llevó a faltar al empleo y a perderlo, no pudiendo proveer a su familia. A pesar de conseguir otro trabajo, su estado espiritual, con insomnio y nerviosismo, derivó en dolores de espalda que lo encorvaron y le hicieron perder nuevamente su empleo. Llegó a estar desempleado, con deudas y enfermo, sin poder trabajar.