La casa donde ocurrió el triple crimen en Florencio Varela había sido alquilada por una docente para que viviera allí Celeste, su hijo y su pareja, Miguel Villanueva Silva.
Celeste, quien vivió en situación de calle, fue adoptada por la docente y llevaba una vida precaria en la vivienda, que carecía de condiciones de higiene adecuadas.
La casa era utilizada por Villanueva Silva para la venta de drogas y para generar un territorio propio en la zona, complicando aún más la situación de Celeste, quien se había separado de su marido.
La precariedad de la vivienda y la actividad ilícita de su pareja crearon un ambiente de desorden y violencia.