Se destaca el perfil bajo y la actitud tranquila de las familias de los jugadores argentinos en el Mundial. A pesar de no buscar protagonismo, entienden la importancia de su rol como parte de la historia que los futbolistas están escribiendo.
Se menciona la conexión de las familias con los jugadores a través de cábalas y charlas, y se resalta la generosidad con la que comparten sus experiencias con los medios, a pesar de su reserva.