Elisa Freudeaux describe su vida marcada por los vicios desde los 14 años, incluyendo coma alcohólico, cocaína y marihuana, hasta los 32. Su adicción le generaba cambios de humor drásticos y la llevó a perder su familia, su hija, sus trabajos y su estabilidad económica.
En su desesperación por conseguir dinero para consumir, llegó a robarle a su madre y familiares, y a vender pertenencias de su hija. Su vida interior era de profunda tristeza y vacío, sin ganas de vivir. Su peor momento lo alcanzó al estar completamente alcoholizada temprano y desesperada por cocaína, sin importarle nada ni nadie.