El programa enfatiza la importancia de vivir la fe en el día a día, no solo en el ámbito religioso, sino en todos los aspectos de la vida cotidiana: en casa, en el trabajo y en la calle.
Se presenta el concepto del "agua viva" como un símbolo del Espíritu Santo y un punto de contacto con Dios para experimentar su poder transformador.
Se comparten testimonios de personas como Claudia, Alejandro y Marta, quienes, a través de la fe y el uso del "agua viva", lograron superar diversas dificultades: conflictos familiares, enfermedades de la piel y problemas económicos/laborales.
Se invita a los televidentes a acercarse a la "catedral de mi familia" en San Miguel para recibir el "agua viva" y experimentar el poder de Dios, con la promesa de encontrar paz, alegría y una nueva vida.