Se describe el "camino recto" como el sendero de la virtud y la felicidad, aquel que conduce al objetivo final y al paraíso.
Este camino es el de aquellos a quienes Dios ha agraciado, como los profetas, mensajeros, veraces, mártires y piadosos. Se enfatiza que seguir sus pasos es el deseo al pedir ayuda a Dios.
Se contrasta este camino con el de aquellos que se aferran a la vida mundanal, siembran corrupción e injusticia, y el de los extraviados que se desvían del buen camino al ignorar los signos de Dios.