Se debate la posible alineación del poder judicial con la derecha, argumentando que las causas contra la izquierda avanzan más rápido que las que involucran a la derecha. Se cuestiona si la justicia juzga de la misma manera a los corruptos de todos los partidos políticos.
Se plantea la hipótesis de que ante la sospecha de corrupción, el accionar judicial podría depender de las amistades o del poder de las personas involucradas. Se menciona que si alguien es encontrado con las manos en la masa, podría haber consecuencias drásticas, pero se duda de que esto se aplique de manera uniforme para todos, poniendo como ejemplo la situación de Cristina Fernández de Kirchner y Javier Milei.
Se sugiere que la justicia podría ser selectiva y que el dinero o las conexiones influyen en el trato recibido. Se menciona que figuras como Adorni no enfrentarían consecuencias graves. La percepción es que existe una justicia para los "amigos" y otra para el resto, y que a menudo se utilizan "fusibles" para desviar la atención pública.