En Mungbalu, República Democrática del Congo, se organizan esfuerzos para combatir el ébola. Voluntarios recorren la ciudad para concientizar a la población sobre la importancia de la protección y el lavado de manos, ya que el virus se propaga rápidamente por contacto físico.
El párroco Paul Cayongo relató cómo en febrero comenzaron a notar muertes sospechosas en su barrio, siendo una familia la primera afectada. En ese momento, no se sabía que el ébola se estaba propagando, lo que llevó a un contacto cercano con los cuerpos, altamente contagiosos, y a una rápida expansión de la epidemia.
Las muertes se multiplicaron en el barrio Shuní 1, con familias perdiendo hasta 10 miembros. Hubo una demora de casi tres meses entre las primeras víctimas y la declaración oficial de la epidemia el 15 de mayo. Las autoridades investigan esta demora, mientras el barrio vive atemorizado y muchas familias han huido.
Varias ONG han instalado un centro de tratamiento del ébola en el barrio. Los pacientes permanecen aislados y la atención médica es paliativa, ya que no existe tratamiento ni vacuna para esta cepa del virus. La mayoría llega con síntomas avanzados, reduciendo sus posibilidades de supervivencia.