Burkina Faso rompió relaciones diplomáticas con Francia, su antigua potencia colonial, en un claro gesto de distanciamiento. El régimen militar de Uagadugú fundamenta esta decisión en acusaciones de injerencia extranjera y años de tensiones crecientes.
Esta ruptura redefine las relaciones oficiales y consolida el giro del país africano hacia nuevas alianzas. París respondió con ultimátums para obligar al personal burkinés a abandonar el territorio, sellando una ruptura hostil que redibuja la geopolítica en el Sahel.