Marcelina relata su profunda desesperación y su intento de suicidio debido a enfermedades incurables y el diagnóstico médico de inutilidad.
Tras ser diagnosticada con mal de Parkinson y una enfermedad ósea degenerativa, y recibir la desalentadora noticia de que no serviría ni para limpiar su casa y terminaría en silla de ruedas, Marcelina llegó al límite. En un momento de crisis, intentó quitarse la vida con un revólver.
Fue su esposo quien la detuvo y, desesperado, clamó a Dios. Esa misma semana, Marcelina escuchó el mensaje "pare de sufrir" en televisión, lo que la impulsó a buscar ayuda en la iglesia, a pesar de la advertencia de su esposo.