Se enfatiza la importancia de retomar la agricultura familiar, considerada la más accesible y orgánica. Se recuerda la costumbre de tener huertas propias que se ha ido perdiendo, pero que es fundamental recuperar. La certificación orgánica es menos importante que la certeza de saber qué se ha utilizado en el cultivo.
Se subraya la necesidad de cuidar el medio ambiente y la conexión con la naturaleza, algo que se perdió al depender excesivamente de influencias externas (como el pronóstico del tiempo en el celular). Se insta a cambiar los hábitos de vida para transformar el mundo, reconociendo que somos parte del cielo y la tierra.