El abogado defiende a Johnny D, asegurando que no asesinó a su hija Rhonda y que el culpable sigue libre. Confronta la percepción de que son sureños corruptos y racistas que incriminan a personas negras.
Se cuestiona la evidencia en la que se basa la fiscalía, señalando que se apoya en el testimonio de un criminal convicto (Myers) con incentivos para mentir. Se argumenta que la condena de Johnny D no sería válida sin corroboración.